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Dolcefarniente.
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Dramática, enfermiza, iracunda, colérica, volátil, fogosa, vehemente, pasional, impetuosa, impulsiva, osada, fresca, desvergonzada, indecente, arriesgada; PRAGMÁTICA.
J @ S R
Dolcefarniente.
Los Hombres. Los Novios. Los Ex’s.

Hay temas recurrentes cuando hablas con tus amigas y después están los hombres.

No importa de qué estés hablando o como lo estés hablando, siempre de alguna manera u otra terminas comentando algo acerca de un chico. Hacemos referencia, observaciones y hasta destrucción masiva del género masculino en reiteradas ocasiones.

  • Esto es uno de los secretos que tenemos entre mujeres, nadie quiere subirle el ego a el chico del que habla, es como un tema privado que solo sacas a relucir cuando estas cien por cien segura que nadie escuchara lo que vas a decir.

Dentro de los hombres, hay categorías. Están los hombres, solo los hombres. Estos son los chicos a los que conoces o has conocido, descartando a tus amigos –reales amigos, no a los que te quieres tirar-. Por lo general para dedicarle algo de tu tiempo debes tener algún tipo de interés en él, no especificaremos que interés ya que somos mujeres y nuestros intereses pueden divagar en un amplio espectro que jamás acabaría de expresar.

Estos hombres, son esos a los cuales analizas profundamente con tus amigas. Sus pros, sus contras, sus virtudes y defectos. Lo que te gusta y lo que detestas del susodicho. Son chicos a los que aspiras llegar a alcanzar, estas a punto de alcanzar o están tan lejos de ti que tienes que desatar tu depresión con alguien. En esta categoría entran: los amores platónicos, el chico con el que quieres salir pero no te da bola, el amigo con ventajas, el que te gusta, del que estas enamorada pero no te ama –esto es aún peor que todas las anteriores- y por último, con el que tienes una relación sin ningún tipo de nombre ni compromiso aparente, esas relaciones que a veces crees que te estas imaginando en un mundo de monitos felices paralelo al tuyo.

Con estos hombres por lo general el resultado varía de uno a dos. Así, nada más.

  1. Terminas tirada en un rincón de tu habitación con hábitos antisociales agudos en pro a tu depresión que nos indica que todo tuvo un pésimo mal final.
  2. Terminas saliendo con el chico en cuestión. Esta también puede resultar pésima al final pero eso lo veremos más tarde.

Lo más trágico de todo esto es que cuando vamos a pasar por la primera opción, lo vemos venir, lo sabemos. Es casi algo natural que nos dice desde un principio ¡corre de ese chico! Pero no, nosotras somos obstinadas hasta la médula y nos encanta ponerle finales a las cosas, los finales inconclusos nos dejan histéricas de por vida. Damos vueltas una y otra vez a todos los posibles sucesos que habrían dado por terminado ese supuesto proceso, inventamos desde los más trágicos acontecimientos hasta los más felices y utópicos momentos.

  • Así, pues, obligadas a acabar con el drama de la incertidumbre tomamos una decisión errónea pero brutalmente fundamental: nos quedamos. Nos quedamos, esperamos a ver la resolución de toda esta trama, nos decepcionamos, sufrimos, incluso a veces sentimos el corazón partido –al más puro estilo Alejandro Sanz- quedamos incapacitadas para una serie de acciones que te mantendrían sana y salva dentro de tu mini infierno personal y entendemos que hay que sacar una lección de todo lo que nos pasa. Entendemos que fue un error y de los mismos es que se aprende. Que es un deber tomar esto como un escarmiento y poner página en limpio y seguir. Jamás hacemos eso. Jamás, porque nos gusta el dolor, somos como las mariposas nocturnas atrapadas por una luz incandescente que no nos deja ir.

Estos hombres, además, son los malos chicos por los que muchas mujeres terminan generalizando la frasecilla que todas alguna vez hemos dicho, que es muy palpablemente, mentira pero nunca mal ponderada: «Todos los hombres son iguales.»

Pues no, no lo son. Gracias al cielo y todos los Dioses del Olimpo que no es así. Y debido a esto es a que nos encontramos con la otra categoría de hombres, los novios.

  • Los novios son estos chicos que en algún momento fueron solo hombres, pero que salvaron la situación. Son los que por lo general los primeros cuatro meses en que están cerca de nosotros equivalen a un semidiós. Nunca lo fueron, nunca lo son, jamás lo serán. Esos que de ningún modo fueron malos chicos en el periodo de conquista y abstracta relación sin nombre, pero que comienzan a mostrar su verdadero yo cuando se sienten en terreno seguro. Y nosotras, las hermosas damiselas inocentes que no sabemos las verdaderas esencias de estos pseudo caballeros los vemos perfectos

¿Eructo delante de ti? Vaya, que romántico. ¿No saludo a una de tus amigas? No se dio cuenta, es que es demasiado distraído. ¿No te acompaño a una reunión, ya sea, de trabajo, familiar, entre amigas o extracurricular? Es que estaba cansado, él quería ir en verdad. Y así suma y sigue.

Lo divertido no es que él no quisiera acompañarte, que él sea un cerdo o un total troglodita y digo divertido porque sé que se están riendo –las veo atreves de la pantalla-. No, lo divertido es que nosotras nos creemos que de verdad es por esas razones estúpidas que seis meses después, cuando terminamos, sabemos que jamás existieron.

Estos hombres son los novios cómodos, ese que le gusta hacer todo lo que le dices pero jamás lo hace, al que le pareces guapa cuando estas con él y sus amigos, este chico es la clase de chico que debió quedarse en la categoría de solo hombre y por idiota paso directamente a la categoría siguiente: los ex’s.

  • Los ex’s son los hombres incómodos. Si, original, los de arriba eran cómodos y estos no. Ya sé, ya sé, pero es domingo, no seamos exquisitas con mi cerebro.

Ahora ¿Por qué son los hombres incómodos? Eso es lo interesante de todo esto y allá vamos.

Son los hombres incómodos porque son esos a los que NO te quieres encontrar, NO quieres saludar, de los que NO quieres hablar, NO quieres recordar y NO quieres NADA que tenga que ver con ellos, a tal limite que incluso cuando conoces a alguien que tiene un nombre igual al de tu ex te asquea en un principio. Somos así, que vamos a hacer y es que lo peor de todo es: tenemos razones para ser así. El que termina siendo tú ex es el tipo que no dio la talla, estamos enojadas con él y todo, dentro de un periodo corto y cercano al rompimiento, nos recuerda a este sujeto.

  • Nacen esos comentarios que no quieres escuchar y las preguntas incomodas del tipo: ¿Cómo está tu novio? ¿No son novios? ¿Qué paso? ¿Estás bien? Igual no era para ti, a mí nunca me gusto.

Y por consecuencia, nacen una serie de pensamientos y respuestas maquiavélicas que te gustaría decir pero jamás podrás porque no eres esa clase de persona, pero nos gustaría, sí, lo sé.

  • Esas respuestas del tipo: Qué pena, si te hubiese gustado a ti yo no estaría escuchando estas preguntas idiotas. Pero gracias por avisar que no era para mí, quizá te contrato de mejor amiga estable para toda la vida.

Así es como las mujeres pasamos una y otra vez por estos tres tipos de hombres, ojo, no son las únicas categorías de chicos que existen por lo que ¡arriba el ánimo! Hay una luz al final del camino.

Claramente existen hombres con los que todo puede ir diferente y es lo hermoso de estar enamorándose a lo largo de este trámite llamado vida, pero siempre nos salen a encontrar al camino los más pastelitos y es porque ¡nada en la vida nos llega sin esfuerzo! No nos quedemos en los laureles, vamos por los chicos de verdad porque somos chicas de verdad. Nos merecemos mucho más de lo que a veces tenemos y es bueno que sepamos que a todas nos puedes pasar a veces, pero no nos puede pasar para siempre.

Busquemos a los hombres de verdad, los que valen la pena y por los que da gusto sonrojarse y reír. Por lo que también se puede llorar y sufrir, pero que al final de todo no nos hagan sentir un gusto amargo en el recuerdo.

Hay que cuidarnos chicas, que el lobo a veces se viste de oveja. Que hay males necesarios en la vida y los hombres, hombres son.

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Marzo 16 with 0 notas
SEXO ORAL: la importancia para las mujeres, la relevancia para los hombres.

Hace algunos días hablaba con unas amigas de lo que significa el sexo oral, no solo en el ámbito de que te proporcionen ese placer o de tu entregárselo a alguien, sino, de todos los gajes que conlleva el mismo.

Me encontré con muchas sorpresas en el camino, hombres a los que no les gusta o no les parece algo de real peso en una relación sexual, otros a los que les parece una parte importante del rito sexual y algunos a los que citare en este texto.

Las opiniones femeninas suelen ser mucho más espontaneas cuando se hablan entre mujeres, por una cosa de confianza entre género –supongo- y es por lo mismo que me he reído haciendo este pequeño mini estudio a nivel de amigos y conocidos, pero al mismo tiempo he aprendido a conocer una parte importante de las personas que me rodean, finalmente, el sexo es parte natural de todos, es una expresión de nosotros mismos.  Los instintos más bajos siendo descubiertos, el pudor haciendo huida en línea recta de nuestro cuerpo.

Las Mujeres.

Muchas mujeres expresaron que hacer sexo oral es una de las cosas que más placer les proporciona y lo curioso son las razones.

  • Razones femeninas para hacer sexo oral:
  1. “Me gusta, solo me gusta”: en su mayoría las mujeres que conversaron del tema conmigo expresaron que el sexo oral es solo un gusto más dentro de sus relaciones sexuales, que les causa una gran pasión y lujuria poder lamer el miembro masculino y dar placer a la persona que está frente a ellas –o en la posición que este-. Son prácticamente todas las mujeres que aun sabiendo que les gusta hacerlo no tienen un motivo claro del porque es así. Supongo, chicas, que el refrán nos da una manera de ver este gusto y es que «En cuestión de gustos no hay nada escrito.»
  2. “El placer que le doy a mi pareja me proporciona placer”: otra categoría es esta, en las que algunas chicas expresaron que es necesario para que alcancen un nivel de placer personal el practicarle sexo oral a sus parejas, que es por medio de este rito que también logran sentirse listas para practicar el coito en sí.
  3. “No me agrada, pero en algún momento hay que dar para recibir”: de alguna manera podría sonar algo resignada esta razón, pero creo que es de algún modo muy de relación, en todas las relaciones sociales hay que dar y recibir, más aun si se trata de sexo en donde dos personas se encuentran a un nivel mucho más personal.
  4. “No me gusta, pero tampoco me disgusta”: esta me dejo pensativa por un rato. Quizá sea porque yo no tengo esa resistencia a hacer cosas que no me van, pero no logro entender del todo esta razón. Las mujeres que me dijeron esto estaban todas en la línea entre “lo hago con mucho asco, pero porque me lo piden” y el “no lo hago, pero si me lo pidieran quizá diría que sí”. Creo que debemos ser más amplios a la hora de ver el sexo y expresar claramente si algo nos va o no.
  5. “Me gusta el sexo oral, porque es una manera de tener control”: esta es una de las razones que puede sonar delicadamente egoísta y tal vez maquiavélica, pero creo –quizá, porque es la que me identifica- que tiene bastante gracia a su vez. Parte de entregarte sexualmente a alguien es querer que tengan el control de tus reacciones, que de alguna forma u otra esa persona logra tomar el mando del cauce que lleva tus reacciones y tu excitación.

A las mujeres que respondieron a esta pregunta, les hice una segunda y tercera pregunta.

  • ¿Qué es lo que no te agrada cuando practicas sexo oral?

Las respuestas variaron entre: “Que me afirmen la cabeza”, “Que me acerquen hacia el miembro”, “Que esperen que me trague el semen”, “El mal olor o el mal sabor”.

Creo que es divertido de alguna manera, porque todas estuvimos de acuerdo con que hay una que nos molesta a nivel genérico y es el tema de “que me acerquen hacia el miembro”. Es sorprendente pero hay cosas, caballeros, que tienen su ritmo y no se pueden apurar.

  • ¿Cómo te sientes cuando te practican sexo oral?

La mayoría de las mujeres manifestaron que es uno de los grandes momentos de sus relaciones sexuales, algunas, incluso, agregaron que la única manera en que llegan a un orgasmo es por medio del sexo oral. Otras, expresaron que no es algo que les agrade, otras que el sexo oral vaginal es, cuando está bien dado, una “sensación única e irrepetible”.

Mi apreciación sobre el sexo oral, en el caso de que me sea dado, es que es bastante placentero. No me parece que sea necesario dentro de una relación sexual como un rito establecido. Me parece que, personalmente, hay cosas mucho más placenteras.

Así mismo, después de hacer toda esta ronda de preguntas entre mujeres, decidí que lo justo es lo justo y le pregunte a algunos hombres, intente que fuesen lo suficientemente cercanos como para que hablaran del tema sin el ligero pudor que les causa a los hombres el hablar de sexo con una mujer.

Los Hombres.

Acepto que con los hombres me lleve una grata sorpresa. Mi idea era que el sexo oral para ellos, en el modo de recibirlo por parte de una mujer –o un hombre- era necesario y relevante, me equivoque.

Todos ellos dieron distintas razones de porque les gusta el sexo oral, pero aún más profundos –sí, caballeros, fueron profundos en un tema profundo- dieron razones de porque les gusta hacer sexo oral a sus parejas.

  • Razones masculinas para hacer sexo oral:
  1. “Creo que a las mujeres les gusta”: algunos dieron a entender que era una mera forma de hacer sentir cómoda a su pareja sexual, si es algo que le gusta están dispuestos a darlo, además claro, de que les parece atractivo y les gusta a ellos también.
  2. “Me siento cómodo dando placer”: aquí se repite un poco la razón femenina para hacerle sexo oral a una pareja sexual. Les gusta dar placer, se sienten más cómodos con eso e incluso les excita más que ser objeto del sexo oral por parte del camarada sexual.
  3. “Me gusta y sé que lo hago bien”: sí, un poco egocéntricamente directo. Pero de alguna manera supongo que es notable que una persona se sienta segura de sus capacidades a la hora de satisfacer a otro tan personalmente. No tengo mucho más que decir, este hombre sabe lo que hace y lo que le gusta. Felicidades.
  4. “Creo que es parte necesaria de la relación sexual, no importa si es de una noche o si es de toda la vida”: esto, me dejo un poco perdida al principio, tal vez por mis pudores más íntimos y oscuros, o porque soy algo escrupulosa pero la parte de “no importa si es de una noche”, bueno, me dejo helada. Aun así, felicidades, eres un osado y se necesita gente como tú en el mundo.

A los hombres que respondieron a esta pregunta, les hice una segunda y tercera pregunta.

  • ¿Qué es lo que no te agrada cuando practicas sexo oral?

Esto si me hizo reír mucho, incluso más que cuando lo hable con las mujeres. Muchos hombres manifestaron que les molesta cuando una mujer tiene pelos, pero que lo hacen de todos modos. Otros manifestaron que les molesta que cerremos las piernas debido al placer: “me aplastan la cabeza”. Otros aún más libres y audaces dijeron que les molesta cuando las mujeres se corren en sus bocas, estos hombres manifestaron que si les gusta correrse en las bocas de sus parejas –paradójico-.

  • ¿Cómo te sientes cuando te practican sexo oral?

Todos concluyeron que el sexo oral cuando se es bien recibido, es decir que la persona que lo está dando sabe lo que hace, es excelente. Algunos manifestaron gustos por que les den lametones variados en partes distintas del miembro y otros solo que la persona que lo efectúa tenga capacidad de aguantar la respiración –ya nos imaginamos porque-.

Mi opinión y mi conclusión.

Soy una convencida de que en las relaciones sexuales, como muy bien expresaron algunos de mis contertulios, hay que dar para recibir. Ciertamente no creo que el sexo oral sea una necesidad: ni darlo ni recibirlo. Mi inclinación es darlo, me parece mucho más apetecible que recibirlo y creo que es parte también de la misma personalidad nata de las personas.

En el sexo, sin importar su categoría, es donde revelamos realmente quienes somos, nuestra esencia candente sale desde nosotros abriéndose paso frente al ser que nos está observando, estamos siendo únicamente nosotros mismos y podemos sentirnos libres de los tapujos convencionales.

De lo que si estoy segura, y comparto plenamente es que, como muy bien dijo una de mis leales lectoras y aliadas: “en un ataque de calentura, nada es malo”.

A experimentar chicos, a atrevernos y a dejar de lado el pudor, que no hay nada como sentirnos vivos. Empecemos por lo que podemos, terminemos por lo imposible.

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Marzo 14 with 1 nota
El periodo. Las toallitas higiénicas. Los hombres.

Me paso hace unos días atrás que tuve una sumamente ingrata urgencia, de esas que te dan ganas de darte contra la pared y descalificar a quien se cruce en tu camino: el periodo se me adelanto.

¿Puede existir algo más terrible que las sensaciones, nada innovadoras, del periodo? Cuando se atrasa, todo se va al carajo. Cuando se adelanta, todo se va al carajo. Cuando te llega en la fecha, adivinen, todo se va al carajo.

  • Soy la clase de mujer que cree firmemente que es una mentira repugnante que este suceso te cambia a un nivel estratosférico de ser otra persona. Detesto usar el periodo como excusa para tratar mal a alguien, sentirte enojada o mimosa, recelosa, romántica o emotiva.  Creo que ciertamente te hace sentir diferente, digo, es normal: estas sangrando, pero no es algo que sea invalidante emocionalmente, no te vuelve un ogro o un oso de felpa y es por todo esto que los hombres, NO SABEN COMO TOMARSE EL PERIODO.

Cuando una mujer esta densa, esta acida y cruel, con ese sarcasmito dulce que tenemos las chicas por esencia, esa cosa que nos hace mujeres finalmente, qué es lo primero que pregunta el ser masculino a tu lado, yo te digo: “¿Andas en tus días?” ¡COMO ME HENERVA ESA PREGUNTITA! Y esto es, exclusivamente, culpa nuestra. Nos hemos escudado a lo largo de los siglos en nuestra capacidad fértil que se manifiesta en sangrar tres días –a veces más- al mes para dejar de hacer una serie de operaciones que nos corresponden o que nos son cotidianas. Dejamos incluso, a veces, de hacer cosas que nos son totalmente personales por ejemplo, comprar las toallitas higiénicas.

Aquí vuelvo a la parte en que se me adelanto el periodo, retomo entonces que deje de lado mi ocupación personal de comprarme las toallitas, peor aún, no recordaba si me quedaba alguna del mes pasado o no. Finalmente adjunto a todo esto que tuve que mandar a alguien a comprarme las famosas toallitas. Todos nos preguntamos ¿A quién mando? –sí, todos, porque sé que muchos me leen-. Pues, mande a mi padre.

  • Groso error, porque si un hombre contemporáneo a uno no entiende ni un atisbo de la importancia de la marca, del tipo, de la calidad y del material de una toallita higiénica, menos lo va a hacer un hombre que es del siglo pasado. Habiendo previsto de alguna manera todo esto con mi súper sexto sentido femenino, hice un dibujo muy bien expresado en donde salía todo lo necesario para que el pudiese identificar las toallitas apenas entrara al pasillo de los útiles femeninos de combate mensual. Felices los dos, porque iba muy bien preparado para encontrar lo necesario, nos despedimos y espere. Espere. Espere. Espere… Sí, espere tanto tiempo que empecé a irme por mi lado histérico ¿Por qué no volvía? ¿No las encontraba? ¿No había? ¿Había siquiera llegado al Supermercado? Se había perdido y jamás encontraría mis toallitas. Maldito periodo. Maldito calendario fértil. ¿Quién dijo que yo quería ser mujer? Así, hasta que logre calmar mis ansias, tome el teléfono y llame a mi padre.

Claramente estaba absorto en el pasillo de las toallitas higiénicas del supermercado que además tiene una serie de otros elementos que un hombre no entendería incluso si fuese homosexual. Le dije que nos enfocáramos. “Dale papá, mira en la parte de las toallas higiénicas, mira el dibujo ¿ves alguna parecida?” visiblemente, eran todas iguales para él. Suerte la mía. Ni hablar de que me mandara fotos con el celular para que le ayudase, el no entiende mucho de cómo marcar un número de teléfono desde el suyo.

Mientras hacíamos una larga lista de analogías básicas para identificar el famoso paquete de toallas higiénicas que necesitábamos –a estas alturas ambos lo necesitábamos él por su ego masculino y yo por mi Mar Rojo personal- me di cuenta de que es injusto pensar que los hombres son unos idiotas frente a asuntos de peso femeninos como este, es simplemente que somos demasiado exquisitamente exageradas hasta con las toallas higiénicas, aprendí que hay alrededor de diez tipos de toallas higiénicas que son para exactamente lo mismo ¡lo mismo! Al cabo de quince minutos estaba tan confundida como papá.

  • “Tráeme los que dicen apósitos, ya nos arreglamos acá Papá. Búscate un bote de helado de chocolate mejor.”

Que vivan los hombres masculinizados al extremo como mi padre. Las mujeres descuidadas como yo. Los mil tipos de toallas higiénicas. Los botes de helados de todos los sabores. El periodo. La fertilidad. Que viva todo. Pero absolutamente, que vivan los apósitos, son más baratos, son más cómodos y nada se pasa.

¡Ya saben chicas! Pro Apósito. Cero conflicto. Pro naturalidad. Cero Síndrome Menstrual, Premenstrual, Postmenstrual. Pro ser nosotras mismas.

Y es que el periodo, las toallitas higiénicas y los hombres van a seguir iguales y nosotras, también.

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Marzo 12 with 1 nota